21|1|2021

Ofelia Fernández: “Con la violencia política quieren aleccionarme”

11 de noviembre de 2020

11 de noviembre de 2020

La legisladora porteña más joven es blanco habitual de agresiones misóginas en las redes sociales. Se prepara para la pelea por el aborto legal 2020.

Hace poco más de un mes, la revista norteamericana Time eligió a Ofelia Fernández como una de las 100 “líderes de la próxima generación”. La legisladora (por el Frente de Todos) más joven que haya tenido la Legislatura porteña llegó a su banca con una trayectoria militante que empezó a los 13 años en la Escuela Carlos Pellegrini. A los 15, fue electa presidenta del Centro de Estudiantes (también la más joven de la historia) y reelecta al año siguiente. Entró en el parlamento de la Ciudad como referente del espacio de Juan Grabois y juró, el 10 de diciembre de 2019, con el pañuelo verde de la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito en alto y por el futuro de su generación “en toda América latina”. En estos días, está rindiendo materias del CBC de Derecho y habló con Letra P horas después de que Vilma Ibarra anunciara que el proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo firmado por el presidente Alberto Fernández ingresará al Congreso antes de fin de este mes.

 

 

Zoom. Fernández, en la charla con Letra P.

 

 

-¿Cómo analiza el anuncio del envío del proyecto aborto legal del Ejecutivo al Congreso?

 

-Es muy valioso que se retome el compromiso inicial que se había pautado, veníamos insistiendo en ese sentido. Además, conociendo la dinámica de prioridades, pensar en postergarlo para año electoral podía ser una trampa para lo que es urgente e indispensable. También veníamos diciendo que la discordia no era excusa, porque no fue excusa para ninguna de las ampliaciones de derechos fundamentales como la Ley de Matrimonio Igualitario y la Ley de Identidad de Género. (Esas iniciativas) siempre generan resistencias, pero hay que estar firmemente posicionados desde el lado de los derechos. La crisis sanitaria tampoco era excusa, en tanto (el aborto legal) no es un peso adicional para el sistema de salud. Ahora, empieza una etapa que conocemos, pero que también necesitará mucha creatividad, teniendo en cuenta el contexto en el que estamos, para que no termine en rechazo nuevamente.

 

-En 2018 el debate fue bastante álgido, con mucha violencia por parte de los antiderechos. En su caso, la violencia política, sobre todo en las redes, es cosa de todos los días. ¿Cómo evaluá lo que viene en este sentido?

 

-Lamentablemente, intento generar un equilibrio entre la costumbre, para que no me afecte en lo emocional, pero con especial atención a analizarlo políticamente y pensar qué estrategias nos damos para enfrentarlo o limitarlo, cuanto menos. En ese sentido, la campaña por el aborto fue y es un motivo generador de esas violencias y esas agresiones. De hecho, yo ya en 2018 tenía cierto lugar de referencia y pasaba situaciones de confrontación y enfrentamiento, como ir a dar una charla en La Rioja y que organicen un escrache, pero en el último tiempo toma otro calibre. Fue escalando en distintos sucesos: en el cierre de listas, apareció una ola de violencia; en las PASO, una más; en las oficiales, otra más; cuando asumí, otra más y ahora ya directamente es una cuestión casi semanal. Si bien no necesariamente responden al mismo sector antiderechos que los que ejercen esta violencia política, responden a la misma lógica.

 

 

 

-¿Cuáles es esa lógica?

 

-Es la lógica reaccionaria fundada en el desarrollo de un movimiento con mucho potencial. No es que no tienen nada mejor que hacer, saben que hay un potencial transformador en lo que se viene gestando, sobre todo desde los movimientos feministas, pero también en las nuevas generaciones en general, que provoca un efecto reacción de esas características. Yo soy legisladora porteña: nunca vi que se auditara y escrutara con tanta energía lo que pasa ahí. Ojalá sirvera para que se evaluaran todas las definiciones que se toman en la Legislatura. Eso, de última, me alegraría, como que me bancaría el costo. El tema es que es bastante focalizado. Entonces, eso es una pauta de que no tiene que ver conmigo individualmente, sino que es una forma de aleccionarme a mí, pero, sobre todo, a todos los pibes, a todas las pibas que, con mi ejemplo, quieren participar, redoblar la apuesta, ser referentes, ser referentas.

 

Sobre la represión en Guernica: "De la misma manera en que tengo que bancarme los videos de Berni jugando a Terminator, ellos tendrán que bancarse que salga y critique algo que me pareció inhumano, excesivo y doloroso".

-¿Cómo reaccona frente a las agresiones?

 

-Intento visibilizarlas cuando se cruzan ciertos extremos para que unánimemente generemos un repudio común a esa dinámica que no debería ser parte de las falsas reglas de juego, pero a la vez trato de no estar todo el tiempo prestándoles atención ni cayendo en algunas provocaciones porque, en definitiva, lo mejor que tienen esas ultraderechas es la capacidad de decidir sobre tu agenda, sobre cómo usás tu tiempo, en función de qué intereses intervenís. 

 

-¿Hay posibilidades de que la violencia de las redes pase a la acción?

 

-Suelo decir que sí, alguna gente suele decir que no. Tiendo a pensar que, por cómo viene funcionando, esto de que cada etapa se vuelve más fuerte y más hostil, la dinámica de la celebración a esa violencia que hay en las comunidades de las redes sociales, es decir, tu capacidad de encontrarte con gente que festeja esa violencia, termina habilitando la posibilidad de que digas "bueno y si me la cruzo eventualmente por la calle y le hago algo, cuánta más celebración voy a obtener” y que sea una forma de incentivo. Por eso. hice denuncias penales y a la Justicia no le parece irracional lo que digo; de hecho, evalúa ponerme una protección particular.

 

-¿Ve a los jóvenes libertarios como un fenómeno a tener en cuenta?

 

-Soy bastante optimista al respecto. Hay que prestarle atención, saber de dónde viene, qué tipo de coordinación tiene. Hay una conjugación de dos elementos muy fuertes: ser la generación crecida en el kirchnerismo, en un proceso de ampliación de derechos, en democracia, con Ley de Centro de Estudiantes, con Ley de Voto Joven, lo que sumó a muchos y muchas jóvenes a participar políticamente, y la generación del Ni una menos y la lucha por el aborto, que sumó a un montón de pibas y de pibes al activismo. Esa sumatoria terminó generando una juventud, no solamente consciente o politizada, sino muy organizada, de la cual también surge una serie de pibes que, en lugar de rebelarse contra el statu quo, en lo contrario, en rebelarse contra todos los pibes y pibas de su curso que tenían un pañuelo en la mochila, que discutían. Es, también, un proceso muy de efecto-reacción el que se construye en esas juventudes, que no terminan de ser masivas ni de tener peso o influencia en la construcción de las subjetividades de las nuevas generaciones, pero están y crecen y es difícil limitarlo y que no obture el proceso que se desarrolla en paralelo, así que es complicado. No hay que perder de vista que no surgieron por debilidad nuestra sino, por el contrario, por nuestras fortalezas.

 

 

 

-Fue criticada por propios y ajenos cuando se pronunció contra la represión en Guernica. ¿Cómo se lleva con esas cuestiones?

 

-Hay una idea de lealtad que es muy distinta de la mía. Me gusta la lealtad, soy muy leal a mis principios. Con lo que me quedo tranquila es que siempre supieron que iba a ser así, entonces tampoco me tensionaron demasiado al respecto. De hecho, Alberto (Fernández), en la campaña, todas las veces que nos encontramos o que desarrollaron actividades vinculadas con la juventud, lo que él siempre expresó fue “no quiero obsecuencia, no quiero domesticación, quiero que, apenas me corra o nos corramos de nuestro compromiso o de su expectativa, lo puedan decir”. Y así lo hice. Fue muy doloroso despertarme con esa noticia y, de la misma manera en que tengo que bancarme los videos de Berni jugando a Terminator, ellos tendrán que bancarse que yo salga y critique algo que me pareció inhumano, excesivo y doloroso.