18|1|2021

“Con Biden, Argentina hallará menos dureza en la negociación con el FMI”

25 de noviembre de 2020

25 de noviembre de 2020

El analista de referencia en EE.UU. ubicó a Sudamérica en el tercer círculo de la nueva política exterior. ¿Adiós a la obsesión con Venezuela?

A partir de la asunción del próximo presidente de Estados Unidos, el demócrata Joseph Biden, el 20 de enero se esperan cambios importantes en relación con el gobierno del republicano Donald Trump en política interior y exterior. Por eso, el mundo espera con atención y analiza los primeros nombramientos de su gabinete. En diálogo con Letra P, el director del Master en Asuntos Globales de Rice University y del Programa Argentina del Instituto Baker, Mark Jones, anticipó que habrá cambios que le permitirán a Estados Unidos “volver a ser un país normal, regular y confiable”, a la vez que, curiosamente, comparó al futuro gabinete con el futbolista Javier Mascherano

 

En videoconferencia desde Houston, Jones analizó la política de Biden para Venezuela y Cuba y adelantó que, a pesar de los cambios, América Latina seguirá siendo una “región secundaria”. Asimismo, afirmó que la llegada de Biden y de Janet Yellen como secretaria del Tesoro “es buena noticia para la Argentina” ante la reestructuración de la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI), pero en otra analogía futbolera aseguró que “para Estados Unidos, Argentina es como Huracán: algunos saben que es un equipo de fútbol, pero la mayoría no lo conoce”.

 

 

BIO. Director del Master en Asuntos Globales de Rice University, codirector del Programa de Elecciones Presidenciales y director del Programa Argentina del Instituto Baker. La pandemia le cortó una seguidilla de 27 años seguidos visitando la Argentina.

 

 

–¿Qué muestran los primeros nombres del gabinete de Biden, especialmente con Antony Blinken como secretario de Estado?

 

–En política exterior, el próximo gobierno será muy parecido al de Barack Obama. Algo moderado, con una fuerte confianza en los expertos y diverso en género, etnias y razas. Trump eligió gente que no era idónea para los puestos, pero sí leal. Esto no es así con Biden. Los elegidos lo son por su carácter de expertos, personas confiables y por jugar en equipo y no como estrellas individuales. Es un gabinete de miembros más parecidos a Javier Mascherano que a Gabriel Batistuta.

 

–¿En qué sentido cambiará la política exterior?

 

–Vamos a volver a ser un país normal, regular y confiable con nuestros aliados, en el que los embajadores y los funcionarios de política exterior van a poder entrar a una reunión sin tener que revisar Twitter para ver si la política cambió en el último minuto. Va a ser una administración muy parecida a la de Obama, pero con algunos retoques. La herencia que recibe Biden es más pesada porque George W. Bush dejó todo más o menos en línea, con algunos problemas en Irak, pero nada que ver al quilombo que ha hecho Trump. 

 

 

Transiciones. La de Bush a Obama vs. la de Trump a Biden, según Jones.

 

 

–¿Cómo cambiará la relación con América Latina?

 

–El cambio más importante será en inmigración, porque Biden va a sacarles presión a México, Guatemala, Honduras y El Salvador. Con Cuba vamos a movernos hacia una política más abierta, como la de Obama, sin la fricción y la presión del gobierno. Venezuela será un tema complicado, porque la dictadura de Nicolás Maduro está tan mal que Biden no va a poder trabajar con él. Lo que sí podrá hacer es mejorar la situación humanitaria y decir que Trump no tuvo éxito porque, después de cuatro años, Maduro sigue en el poder. 

 

–¿América Latina ganará relevancia o seguirá siendo una región secundaria para Estados Unidos?

 

–Va a seguir siendo secundaria. La concentración está en China, Medio Oriente, Rusia y Europa. América Latina estará en un segundo plano y América del Sur, más todavía. La prioridad está en los países de la frontera, como México; o cercanos, como los de América Central, por la migración; o Cuba, por los cubano-estadounidenses de Florida; o Venezuela, por la crisis humanitaria y porque cada vez hay más venezolanos en el país. Sudamérica va a estar en un tercer nivel, porque no tiene impacto en la vida interna de los Estados Unidos ni una importancia estratégica. Lo que vamos a ver será un trato igualitario para todos los gobiernos, sin favoritismos, ya sean más conservadores, como los de (Jair) Bolsonaro o (Sebastián) Piñera, o más progresistas, como el de Alberto Fernández. Con Biden, el rol de Estados Unidos en organismos como el FMI o el Banco Mundial no va a estar subordinado, en lo que hace a América Latina, a un tema específico, como Venezuela o Cuba. Va a ser más como Mauricio Macri y las Malvinas: fue un tema relevante, pero no guió su política exterior. 

 

–¿Qué puede esperar Argentina de Biden?

 

–Más ayuda y comprensión y menos dureza por la reestructuración de la deuda. No va a poner palos en la rueda en la negociación con el FMI por una política de izquierda de Alberto Fernández, como su apoyo a Evo Morales o a Maduro. 

 

 

 

 –¿Argentina puede beneficiarse con la designación de Janet Yellen como secretaria del Tesoro?

 

–Sí. La llegada de Biden y Yellen es buena noticia para Argentina. Ella es una experta muy respetada en los claustros universitarios y en los pasillos del FMI. De todas maneras, su máxima prioridad será la recuperación de Estados Unidos. Hay que recordar que, para este país, Argentina es como Huracán: algunos saben que es un equipo de fútbol, pero la mayoría no lo conoce y no sabe qué pasó el último fin de semana. Algunos sabemos, pero somos como los vecinos de Parque Patricios. La mayoría de los funcionarios no piensa en la Argentina. Argentina se verá beneficiada por la orientación general de la política exterior de Biden, como el hecho de no priorizar a Cuba y Venezuela, no poner aranceles, no utilizar organismos multilaterales y no hacer rancho aparte como el Llanero Solitario. Eso va a influir más que una política específica hacia el país. 

 

–¿Vaca Muerta puede ser un eje para la relación bilateral?

 

–Sí, tiene un gran potencial. Si Argentina empieza a organizar sus reglas internas de juego y si Cristina Kirchner deja de hacer tanto ruido, podría haber más oportunidades para las inversiones. Hay que esperar que las cosas se calmen un poco, porque hoy en día hay demasiado ruido para las empresas. Lo que necesita Argentina es inversión a largo plazo por parte de las petroleras, como plantas petroquímicas y gasoductos, y esas son inversiones que los empresarios no están dispuestos a hacer sin confiar en el mediano y el largo plazo.