02|3|2021

Dos potencias se saludan para condicionar la interna opositora

18 de enero de 2021

18 de enero de 2021

Carrió y Bullrich se juramentaron no entorpecer sus candidaturas y marcarle la cancha al PRO peronismo. Mensaje velado a Lousteau. Sonrisas en el macrismo ultra.

La reconciliación entre Elisa Carrió y Patricia Bullrich, quienes pese al distanciamiento social y político jamás cortaron el diálogo, trajo aparejada un juramento: el pacto de no agresión de Exaltación de la Cruz, que se configura además como la renovación de una sociedad prexistente que ahora une fuerzas para marcarle la cancha al PRO peronismo y al radicalismo que apadrina y apuesta por Martín Lousteau.

 

En ese convenio tácito también hubo división de terreno para confirmar las intenciones de la líder de la Coalición Cívica de hacer campaña bonaerense y de la jefa PRO en la Ciudad de Buenos Aires. Al margen de la ingeniería electoral, hay coincidencias en la línea discursiva: Carrió respalda la prédica dialoguista de Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal, pero se abraza con Bullrich para despotricar contra el kirchnerismo, bajo la bandera de la "defensa de la República y las libertades". Críticas que van desde el proyecto para reformar la justicia hasta los pedidos aislados de parte del kirchnerismo duro para indultar al exvicepresidente Amado Boudou.

 

El encuentro en Exaltación de la Cruz ocurrió horas después de la declaración furiosa de Carrió en la que insinuó un acuerdo entre Sergio Massa y los opositores Cristian Ritondo y Emilio Monzó. Esa frase cayó como una bomba en el PRO y en los grupos de chat de legisladoras y legisladores hubo respaldo al jefe del bloque amarillo en Diputados. Por esas horas, el expresidente de la Cámara baja planeaba una gira por la Cuarta sección electoral que luego comunicó al publicar una foto durante una recorrida por el municipio de Rivadavia.

 

Carrió pega donde duele porque sabe y audita la frontera brumosa entre el sector dialoguista PRO y el massismo bonaerense. Su alianza con Rodríguez Larreta se mantiene firme, a sabiendas del vínculo de amistad de años del jefe de Gobierno con el tercero en la línea sucesoria del gobierno del Frente de Todos (FdT). Bajo esa lógica, Lilita y Bullrich se arrogan el poder de curadería del peronismo que puede o no estar en Juntos por el Cambio (JxC). En ese marco, encumbran a Miguel Ángel Pichetto y delira Mauricio Macri, desde su descanso en Villa La Angostura. El expresidente sonríe cada vez que Lilita fustiga a Monzó, mientras Rodríguez Larreta lo avala y lo quiere cerca.

 

Con Monzó lanzado, Carrió sigue sus movimientos y activa su poder de veto, una especie de derecho adquirido desde que se fundó Cambiemos y que Rodríguez Larreta acepta. La líder de la CC no puede marginar a Monzó, pero sí señalar sus alianzas en el interior del país y el territorio bonaerense. Lilita sostiene que Monzó "fantasea" con poblar las listas de JxC para engrosar su tropa en Diputados. "No va a hacer nada por afuera, ni nada que perjudique a Horacio", señala una fuente que trabaja con el exintendente de Carlos Tejedor. Curiosamente, Carrió hace lo propio y desea regar de referentes de su círculo íntimo las listas seccionales y de legisladores provinciales, como avisó en su mensaje de fin de año. La batalla es, entonces, por modelar la boleta opositora en la provincia de Buenos Aires.

 

Bullrich no tiene interés en entrar en un conflicto público con Ritondo y Monzó porque su futuro político inmediato es en la Ciudad, pero aprovecha para reforzar el discurso polarizador con el peronismo que el dialoguismo PRO busca, al menos, licuar para la campaña 2021. Al mismo tiempo, cierra filas con Carrió ante una negociación tensa con Rodríguez Larreta por la boleta porteña.

 

En la previa al mano a mano entre Bullrich y Carrió, la referente de la Coalición Cívica también envió un mensaje al radicalismo al reunirse con Daniel Salvador, que empuja al marplatense Maximiliano Abad para sucederlo en la presidencia de la Unión Cívica Radical (UCR) de la provincia de Buenos Aires. El senador porteño apuesta por Gustavo Posse, que apunta a destronar al salvadorismo.